|
Las asquerosas criticas que dice el Opus Dei, y algunos
incultos criticos sobre el Código Da vinci.
El libro 'El código Da Vinci' relata una historia de ficción que afecta
al honor de la Iglesia Católica. Ofrecemos un resumen de tres artículos:
dos cuestionan su calidad literaria -"el bodrio más grande que este
lector ha tenido entre manos" (El País); "tonto, inexacto, populachero"
(The Times); y el tercero cuestiona su rigor histórico -"Los errores,
las invenciones, las tergiversaciones y los simples bulos abundan por
toda la novela" (e-cristians)-. Aunque se trate de una ficción,
"calumnia, que algo queda".
ACI -
19/5/2006).- Gran cantidad de
críticas ha suscitado el estreno de la película El
Código Da Vinci, basada en la novela de Dan Brown,
durante la apertura del festival de cine de Cannes en
Francia.
Según informa Associated Press (AP), "las reacciones
variaban entre una mediana admiración y el aburrimiento
completo", incluso "la risa se oyó en toda la
sala", casi al final de la película cuando el personaje
de Tom Hanks hace una "gran" revelación, en lo que debió
haber sido un momento de gran seriedad.
"No
es un buen signo para una película que un momento
importante resulte ser tan gracioso", escribió
Stephen Schaefer, del Boston Herald. Para la agencia
Newsfile, la risa general fue algo que Ron Howard "no
podría haber anticipado". Además de las risas, algunos
incluso abandonaron la sala en los minutos finales y
ni siquiera "hubieron los tímidos aplausos
que hasta las malas películas reciben en Cannes", señala
AP.
"Mirando las
explicaciones abundantes y las especulaciones sobre
símbolos, códigos, cultos secretos e historia religiosa,
y mensajes secretos en obras de arte, es difícil
entender, incluso si la novela no existiese, que un
guión de este tipo haya sido considerado por un estudio
de Hollywood", escribe Todd McCarthy de la revista
Variety.
The Hollywood
Reporter tiene una opinión similar: "La película está
tan plagada de diálogos sobre asuntos mitológicos e
históricos y las escenas son tan estáticas que incluso
el movimiento de la cámara no puede disfrazar la
inercia dramática". En opinión de Christy Lemire,
crítica de cine de AP, "no importa que tan buen actor
sea Hanks, no puede hacer milagros cuando no tiene con
qué".
CNN también
informó que, aparte de la risa general, los críticos
hablaban durante las escenas finales. "No hubieron
aplausos cuando aparecieron los créditos, en vez de eso
algunos abucheos y silbidos rompieron el silencio".
Crítica de la
Película ( LA RAZÓN - Carmen
L. LOBO ):
Dirección: Ron Howard. Guión: Akiva Golds- man a partir
del libro de Dan Brow. Intérpretes: Tom Hanks, Audrey
Tautou, Ian McKellen, Ian McKellen, Paul Bettany. USA,
2005. Duración: 150 minutos. «Thriller».
Aunque sea cierto que Tom Hanks y
Audrey Tautou (el resto del reparto tampoco les va a la
saga) parecen que se hayan tragado un sable para
encarnar a sus respectivos personajes en el filme
dirigido por Ron Howard, no son, realmente, los máximos
culpables de que la «película del año» se trate en
realidad de un ladrillo importante. El envaramiento de
ambos intérpretes, abocados a mantener larguísimos,
solemnes, pedantes, y, en el fondo, vacuos diálogos
durante casi toda la duración de la cinta responde, en
resumidas cuentas, a la visión, no del polémico
«best-seller» escrito por Dan Brown, sino que del cine
en general posee el señor Howard, lo que me parece
bastante peor. Porque lo cierto es que más allá de
controversias en mayor o menor medida justificadas (con
todo, muchos pueden tener motivos para molestarse frente
a «El Código...», una historia de ficción pero con su
mala uva incorporada), el director de «Cinderella Man»,
«Cocoon» o «Una mente maravillosa», otro título
sobredimensionado que tal baila, no da para más. O sea,
que tampoco le puedes pedir peras al olmo, que en este
caso se apellida Howard, un realizador listo como el
hambre y de correctas maneras pero carente de
imaginación, de magia.
Envuelta por una banda sonora
machacona, sin ritmo ni sorpresas (aunque en ciertas
escenas intente emular el estilo nervioso, la cámara
«desde dentro» de series tan exitosas como «CSI»), sin
garra, en fin, la película se encamina hacia un largo
final (ah, estos americanos y sus colofones
interminables) entre monjes asesinos a un cilicio
pegados, intrigas sobre la vida de Jesús y profesores
metidos a detectives ayudados por jovencitas con cara de
sabérselas todas. Tantos millones, tanto interior del
Louvre (a 24.000 euros el día les salió rodar en el
museo), tantas horas de metraje, tanta luminaria, tanto
«flash-back», para esto. Es decir, para casi nada |
|
12 de noviembre de 2003
LA REALIDAD HISTÓRICA QUE DEFORMA 'EL CÓDIGO DA VINCI'
(Publicado en e-cristians)
El Código Da Vinci es una novela de ficción anti-católica que está
resultando ser un éxito de ventas en todo el mundo. Con más de 30
millones de ejemplares vendidos, traducida a 30 idiomas y con los
derechos para la película en manos de Columbia Pictures y el director
Ron Howard (con Russell Crowe de protagonista) se trata ya de un
acontecimiento propio de la cultura de masas. (...) Y el mensaje que
transmite la novela es básicamente el siguiente:
1. Jesús no es Dios: ningún cristiano pensaba que Jesús es Dios hasta
que el emperador Constantino lo deificó en el concilio de Nicea del 325.
2. Jesús tuvo como compañera sexual a María Magdalena; sus hijos,
portadores de su sangre, son el Santo Grial (sangre de rey = sang real =
Santo Grial), fundadores de la dinastía Merovingia en Francia (y
antepasados de la protagonista de la novela).
3. Jesús y María Magdalena representaban la dualidad masculina-femenina
(como Marte y Atenea, Isis y Osiris); los primeros seguidores de Jesús
adoraban "el sagrado femenino"; esta adoración a lo femenino está oculta
en las catedrales construidas por los Templarios, en la secreta Orden
del Priorato de Sión -a la que pertenecía Leonardo Da Vinci- y en mil
códigos culturales secretos más.
4. La malvada Iglesia Católica inventada por Constantino en el 325
persiguió a los tolerantes y pacíficos adoradores de lo femenino,
matando millones de brujas en la Edad Media y el Renacimiento,
destruyendo todos los evangelios gnósticos que no les gustaban y dejando
sólo los cuatro evangelios que les convenían bien retocados. En la
novela el maquiavélico Opus Dei trata de impedir que los héroes saquen a
la luz el secreto: que el Grial son los hijos de Jesús y la Magdalena y
que el primer dios de los "cristianos" gnósticos era femenino.
Todo esto se intenta vender como erudición, investigación histórica y
trabajo serio de documentación.
En una nota al principio del libro, el autor, Dan Brown, declara: "todas
las descripciones de arte, arquitectura, documentos y rituales secretos
en esta novela son fidedignas". Como veremos, esto es falso: los
errores, las invenciones, las tergiversaciones y los simples bulos
abundan por toda la novela.
La pretensión de erudición cae al suelo al revisar la bibliografía que
ha usado: los libros serios de historia o arte escasean en la biblioteca
de Brown, y brillan en cambio las paraciencias, esoterismos y
pseudohistorias conspirativas.
Dan Brown, en su propia página web, dice bien claro que no ha escrito
sólo una novela llena de despropósitos para divertir: "Como he comentado
antes, el secreto que revelo se ha susurrado durante siglos. No es mío".
El resultado es que las ventas de libros pseudohistóricos sobre la
Iglesia, los evangelios gnósticos, la mujer en el cristianismo, las
diosas paganas, etc… se han disparado: la web de libros Amazon.com es la
primera beneficiada, enlazando El Código Da Vinci con libros de
pseudohistoria neopagana, feminista radical y new age. La ficción es la
mejor forma de educar a las masas, y disfrazada de ciencia (historia del
arte y de las religiones en este caso) engaña mejor a los lectores.
Como afirma el dicho: "calumnia, que algo queda, y si calumnias con
datos que suenen a científico -aunque sean inventados- queda más".
¿Inventó Constantino el cristianismo?
Toda la base "histórica" de Brown descansa sobre una fecha: el concilio
de Nicea del año 325. Según sus tesis, antes de esta fecha, el
cristianismo era un movimiento muy abierto, que aceptaba "lo divino
femenino", que no veía a Jesús como Dios, que escribía muchos
evangelios. En este año, de repente, el emperador Constantino, un
adorador del culto -masculino- al Sol Invicto se apoderó del
cristianismo, desterró a "la diosa", convirtió al profeta Jesús en un
héroe-dios solar y montó una redada a la manera stalinista para hacer
desaparecer los evangelios que no le gustaban.
Para cualquier lector con algo de cultura histórica esta hipótesis
resulta absurda por al menos dos razones:
1. Tenemos textos que demuestran que el cristianismo antes del 325 no
era como dice la novela y que los textos gnósticos eran tan ajenos a los
cristianos como lo son actualmente las publicaciones "new age":
parasitarios y externos.
2. Incluso si Constantino hubiese querido cambiar así la fe de millones
¿cómo habría podido hacerlo en un concilio sin que se diesen cuenta no
sólo millones de cristianos sino centenares de obispos?
Muchos de los obispos de Nicea eran veteranos supervivientes de las
persecuciones de Diocleciano, y llevaban sobre su cuerpo las marcas de
la prisión, la tortura o los trabajos forzados por mantener su fe. ¿Iban
a dejar que un emperador cambiase su fe? ¿Acaso no era esa la causa de
las persecuciones desde Nerón: la resistencia cristiana a ser asimilados
como un culto más? De hecho, si el cristianismo antes del 325 hubiese
sido tal como lo describen los personajes de Brown y muchos neognósticos
actuales nunca habría padecido persecución ya que habría encajado
perfectamente con tantas otras opciones paganas. El cristianismo fue
siempre perseguido por no aceptar las imposiciones religiosas del poder
político y proclamar que sólo Cristo es Dios, con el Padre y el Espíritu
Santo.
¿Jesús es Dios?
En la novela, el personaje del historiador inglés Teabing afirma que en
Nicea se estableció que Jesús era "el Hijo de Dios". Un repaso a los
evangelios canónicos, escritos casi 250 años antes de Nicea, muestra
unas 40 menciones a Jesús como Hijo de Dios. Brown lo que está haciendo
es copiar de uno de los libros pseudohistóricos que más ha plagiado para
hacer su best-seller, Holy Blood,Holy Grial, en el que se afirma que "en
Nicea se decidió por voto que Jesús era un dios, no un profeta mortal".
La verdad es otra. Los cristianos siempre han pensado que Jesús es Dios
y así figura en los evangelios y en escritos cristianos muy anteriores a
Nicea.
Por ejemplo, y para disgusto de mormones, Testigos de Jehová o
musulmanes (tres credos actuales que niegan que Jesús era Dios) podemos
leer cómo Tomás dice al ver a Jesús resucitado:
[Juan 20,28] Ho Kurios mou ho Theos mou (Mi Señor y mi Dios)
O en Romanos 9,5; carta dictada por San Pablo a Tercio en casa de Gayo,
en Corinto, en el invierno del 57 al 58 d.C:
"de ellos [los judíos] son los patriarcas, y como hombre ha surgido de
ellos el Cristo, que es Dios, y está por encima de todo".
O en Tito 2,13:
"esperamos que se manifieste la gloria del gran Dios y salvador nuestro
Jesucristo".
O en 2Pedro1,1:
"Simón Pedro, sirviente y apóstol de Jesucristo, a aquellos que por la
justicia de nuestro Dios y salvador Jesucristo han recibido una fe tan
preciosa como la nuestra".
Y saliendo de los evangelios tenemos los textos de algunos Padres de la
Iglesia muy anteriores a Nicea:
"Pues nuestro Dios, Jesucristo, fue según el designio de Dios, concebido
en el vientre de María, de la estirpe de David, pero por el Espíritu
Santo" [Carta a los efesios de San Ignacio de Antioquía, c.35-c.107 d.C].
"Si hubieses entendido lo escrito por los profetas, no habrías negado
que Él [Jesús] era Dios, Hijo del único, inengendrado, insuperable Dios"
[Diálogo con Trifón, San Justino Mártir, c.100-c.165 d.C].
"Él [Jesucristo] es el santo Señor, el Maravilloso, el Consejero, el
Hermoso en apariencia, y el Poderoso Dios, viniendo sobre las nubes como
juez de todos los hombres" [Contra los herejes, libro 3, San Ireneo de
Lyon, c. 130 -200 d.C].
"Sólo Él [Jesús] es tanto Dios como Hombre, y la fuente de todas
nuestras cosas buenas" [Exhortación a los griegos, de San Clemente de
Alejandría, 190 d.C].
"Sólo Dios está sin pecado. El único hombre sin pecado es Cristo, porque
Cristo también es Dios" [El alma 41:3, por Tertuliano, año 210 d.C].
"Aunque [el Hijo] era Dios, tomó carne; y habiendo sido hecho hombre,
permaneció como era: Dios" [Las doctrinas fundamentales 1:0:4; por
Orígenes, c.185-c.254 d.C.].
Estas citas -y muchas otras- demuestran que los cristianos tenían clara
la divinidad de Cristo mucho antes de Nicea. De hecho, en Nicea el
debate era sobre las enseñanzas de Arrio, un sacerdote herético de
Alejandría que desde el 319 enseñaba que Jesús no era Dios, sino un dios
menor. De unos 250 obispos, sólo dos votaron a favor de la postura de
Arrio, mientras que el resto afirmaron lo que hoy se recita en el Credo,
que el Hijo de Dios fue engendrado, no creado y que es de la misma
naturaleza (substancia, homoousios) que el Padre, es decir, que Dios
Hijo es Dios, igual que Dios Padre también es Dios, un mismo Dios pero
distintas Personas. Pese a esta unanimidad de los padres conciliares, el
historiador Teabing en la novela dice que Cristo fue "designado Dios"
¡por un estrecho margen de votos!
Un historiador que no sabe historia
Teabing también dice una serie de cosas sobre cómo el cristianismo
inventado por Constantino no era más que paganismo. "Nada en el
Cristianismo es original", dice el personaje. Escribimos subrayadas las
afirmaciones de El Código da Vinci y a continuación comentamos cada una.
-Los discos solares egipcios se convirtieron en halos de santos
católicos.
El arte cristiano tiene que expresar conceptos bíblicos, como las caras
luminosas de Moisés (en el Sinaí) y Jesús (en la Transfiguración). Para
ello usan un recurso común, los halos o nimbos que ya usaba el arte
griego y el romano. Los emperadores romanos, por ejemplo, aparecen en
las monedas con cabezas radiantes.
-Los pictogramas de Isis amamantando a su milagroso bebé Horus fueron
el modelo para las imágenes de la Virgen María con el Niño Jesús.
La imagen de una madre amamantando es común a egipcios, romanos, aztecas
o cualquier otra cultura que represente la maternidad. Isis, en los
primeros siglos de nuestra era, ya no era una diosa popular de la
agricultura egipcia, sino un culto mistérico de tipo iniciático para
élites greco-romanas, culto que, por cierto, no incluía rituales
sexuales que tanto gustan al autor. Los artistas cristianos, a la hora
de representar a María con Jesús (una madre con un niño), usaron los
modelos artísticos de la sociedad en la que estaban.
-"La mitra, el altar, la doxología y la comunión, el acto de comer a
Dios, fueron tomados directamente de religiones mistéricas paganas
anteriores.
La mitra de los obispos difícilmente puede estar inspirada en religiones
mistéricas antiguas: no aparece en Occidente hasta mediados del s.X y en
Oriente no se usa hasta la caída de Constantinopla en 1453.
El altar es -como el cristianismo mismo- de origen judío, no pagano. Hay
300 referencias a altares en el Antiguo Testamento. El altar de los
sacrificios del Templo de Jerusalén es el punto de referencia del
judaísmo antiguo y del simbolismo cristiano. Nada que ver con cultos
paganos.
La Doxología (doxa=gloria; logos=palabra) no es más que la oración del
Gloria: "Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres;
te alabamos, te bendecimos, te adoramos…" usa lenguaje puramente
cristiano, con conceptos trinitarios y utilizando continuamente pasajes
del Nuevo Testamento. Nada que ver con cultos mistéricos paganos.
La comunión y "comer a Dios"
Parece ser que en los niveles superiores del culto a Mithras existía una
comida sagrada de pan y agua o pan y vino. No hay datos que indiquen que
los mitraístas consideraran que en esa comida "comían un dios" ni nada
similar. De nuevo, el origen de bendecir y compartir el pan es judío,
como explica con detalle Jean Danielou en su estudio La Biblia y la
liturgia. Parece que Jesús instituyó la Eucaristía cristiana durante una
chabourá, una comida sagrada judía. No hay relación con cultos
mistéricos paganos.
El domingo, día sagrado cristiano, fue robado a los paganos
Falso. Desde el principio, los cristianos vieron el día después del
sabbath, es decir, el día primero de cada semana, como el más
importante, día de su reunión. Ya lo hacían en época de San pablo (ver
Hechos 20,7: "y en el primer día de la semana, cuando estábamos reunidos
para partir el pan…", o 1 Cor 16,2, cuando Pablo pide reunir las
colectas y diezmos el primer día de la semana). Danielou, en La Biblia y
la Liturgia, dedica todo su capítulo 16 a hablar de "El octavo día", con
citas de Ignacio de Antioquía, de la Epístola de Barnabás, de la Didajé,
todos autores de finales del.s.I y principios del s.II Todos hablan del
"dies domenica" (día del Señor). San Justino, hacia el 150 d.C es el
primer cristiano en usar el nombre latino de Día del Sol para referirse
al primer día de la semana.
Ya en el concilio de obispos hispanos de Elvira, en el 303 d.C se
proclamó: "si alguien en la ciudad no viene a la iglesia tres domingos
seguidos será excomulgado un tiempo corto, para que se corrija". Sólo 20
años después, en 321, Constantino declara oficialmente el domingo como
día de descanso y abstención del trabajo. O sea, que el domingo es un
"invento" cristiano, que posteriormente adoptó la sociedad civil, y no
una fiesta pagana robada por cristianos, justo lo contrario de lo que
dice la novela de Brown.
-También al dios hindú Krishna, recién nacido, se le ofreció oro,
incienso y mirra
Extraído, al parecer, del libro de pseudohistoria The World's Sixteen
Crucified Saviours, [Los 16 salvadores del mundo crucificados] escrito
por Kersey Graves en 1875 y denostado incluso por ateos y agnósticos,
aunque muy popular y copiado en Internet. Graves no da nunca
documentación de sus afirmaciones. Ésta del oro, incienso y mirra parece
simplemente un invento. En la literatura hindú no sale por ningún sitio.
El Bhagavad-Gita (s.I d.C.) no menciona la infancia de Krishna. En las
historias sobre el Krishna niño del Harivamsa Purana (c.300 d.C) y el
Bhagavata Purana (c.800-900.dC.) tampoco aparecen regalos.
-El dios Mithras, nacido en 25 de diciembre como Osiris, Adonis y
Dionisos, con los títulos "Hijo de Dios" y "Luz del Mundo", enterrado en
roca y resucitado 3 días después, inspiraron muchos elementos del culto
cristiano.
En realidad, la fiesta pagana del 25 de diciembre en Roma la inventó el
emperador Aurelio en 274, muchos años después de que los cristianos
latinos celebrasen el 25 de diciembre como fecha del nacimiento de
Cristo.
Aunque en la novela hablen de Mithras como un dios "muerto, enterrado en
roca y resucitado tres días después", esta afirmación no sale recogida
en ningún texto ni tradición antigua sobre Mithras. Al parecer es otro
de los préstamos tomados del panfleto decimonónico de Kersey Graves, en
concreto del capítulo 19 de The World's Sixteen Crucified Saviours. Por
supuesto, Graves no da documentación.
Gnosticismo al servicio del feminismo radical
¿Por qué el mundo va tan mal, hay guerras, violencia y contaminación? La
respuesta del feminismo radical y de El Código Da Vinci es sencilla, la
culpa es del cristianismo, que es machista:
"Constantino y sus sucesores masculinos convirtieron con éxito el mundo
desde el paganismo matriarcal hasta la Cristiandad patriarcal mediante
una campaña de propaganda que demonizó lo sagrado femenino, eliminando a
la diosa de la religión moderna." Como consecuencia, "la Madre Tierra se
ha convertido en un mundo de hombres, y los dioses de la destrucción y
la guerra se toman su tributo. El ego masculino ha pasado dos milenios
sin equilibrarse con su balanza femenina… una situación inestable
marcada por guerras alimentadas con testosterona, una plétora de
sociedades misóginas y una creciente falta de respeto por la Madre
Tierra"
Esto se habría evitado de seguir el "cristianismo" gnóstico, algunos de
cuyos grupos y tendencias consideraban lo divino como
masculino-femenino, relaciones armónicas de opuestos (ying-yang), o
incluso andrógino. Jesús -según los gnósticos del s.II y los newagers
feministas del s.XX- necesita un opuesto femenino que le complete; su
consorte sería María Magdalena. Y unos documentos que lo avalen: los
evangelios apócrifos, textos gnósticos imaginativos sin base histórica.
Mientras que los evangelios canónicos son del s.I, ningún texto gnóstico
es anterior al s.II. Muchos son del s.III, IV o V. A mediados del s.II
la Iglesia ya tenía claro que los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y
Juan eran los inspirados por el Espíritu Santo, y sólo dudaba en el
canon de un par o tres de textos. Es falsa la idea de la novela de que
en el 325, con Constantino, de entre "más de 80 evangelios considerados
para el Nuevo Testamento", sólo se eligieron cuatro: estos cuatro ya
hacía 200 años que estaban seleccionados, como leemos en los textos de
Justino Mártir (150 d.C) y de San Ireneo.
En El Código Da Vinci hay material de muchos tipos: new age, ocultismo,
teorías conspiratorias, neopaganos, wiccas, astrología, préstamos
orientales y amerindios… pero el cóctel gnóstico-feminista es la base de
la macedonia. Hay poca investigación verdadera sobre el Santo Grial,
pero mucha sangría.
Así, se nos cita un texto que existe de verdad, el Evangelio de María
Magdalena, una obra gnóstica tardía, escrita por autores de una secta
gnóstica, desde fuera del cristianismo. En él, María besa en la boca a
Jesús y eso causa la envidia de los apóstoles. Según Teabing, el
historiador de la novela, "Jesús era el primer feminista. Pretendía que
el futuro de su iglesia estuviese en manos de María Magdalena".
Lo que nadie cita es el versículo 114 del famoso texto gnóstico
Evangelio de Tomás, donde Jesús dice que Él hará de María Magdalena "un
espíritu viviente que se parezca a vosotros, varones. Porque cada mujer
que se haga a sí misma varón entrará en el reino de los cielos". El
gnosticismo antiguo es reciclado por antagonistas de la Iglesia actual,
pero para ello han de rechazar algunas cosas del gnosticismo antiguo,
que en realidad era machista, elitista, despreciaba el cuerpo y todo lo
material y es difícil de vender como "el auténtico cristianismo".
Así, el entusiasmo del autor por los "ritos de fertilidad", que tanto
admiran -y practican- los protagonistas, no tiene nada que ver con la
fertilidad, obviamente, sino con el placer sexual. Es un signo de los
tiempos, pero también una herencia gnóstica y cátara: engendrar, dar
vida a nuevos cuerpos, es malo. ¡Justo lo contrario que en el
cristianismo! Sexo sin concepción… es de suponer que la próxima novela
trate de clonación, es decir, de concepción sin sexo.
Otros muchos errores
Sandra Miesel, una periodista católica especializada en literatura
moderna popular, no puede evitar hacer un listado de errores misceláneos
del libro, como ejemplo de su "impecable" documentación.
Se dice que el planeta Venus se mueve dibujando un pentagrama, el
llamado "pentagrama de Ishtar", simbolizando a la diosa (Ishtar es
Astarté o Afrodita). Al contrario de lo que dice el libro, la figura no
es perfecta y no tiene nada que ver con las Olimpiadas. Las Olimpiadas
se celebraban cada cuatro años y en honor de Zeus, nada que ver con los
ciclos de Venus ni con la diosa Afrodita.
El novelista dice que los cinco anillos de las olimpiadas son un símbolo
secreto de la diosa; la realidad es que cuando se diseñaron las primeras
olimpiadas modernas el plan era empezar con uno e ir añadiendo un anillo
en cada edición, pero se quedaron en cinco.
En la novela presentan la larga nave central y hueca de una catedral
como un tributo secreto al vientre femenino, con las nervaduras como
pliegues sexuales, etc… Está tomado del libro de pseudohistoria The
Templar Revelation, donde se afirma que los templarios crearon las
catedrales. Por supuesto es falso: las catedrales las encargaron los
obispos y sus canónigos, no los templarios. El modelo de las catedrales
era la iglesia del Santo Sepulcro o bien las antiguas basílicas romanas,
edificios rectangulares de uso civil .
El Priorato de Sión realmente existe, es una asociación francesa
registrada desde 1956, posiblemente originada tras la II Guerra Mundial,
aunque clamen ser herederos de masones, templarios, egipcios, etc… No es
creíble la lista de Grandes Maestres que da la novela: Leonardo Da Vinci,
Isaac Newton, Victor Hugo…
La novela dice que el tetragramaton YHWH, el nombre de Dios en letras
hebreas, viene de "Jehová, una unión física andrógina entre el masculino
Jah y el nombre pre-hebreo de Eva, Havah". Al parecer, nadie ha
explicado a Brown que YHWH (que hoy sabemos que se pronuncia Yahvé)
empezó a pronunciarse "Jehová" en la Edad Media al interpolarse entre
las consonantes las vocales de "Adonai".
Las cartas del tarot no enseñan doctrina de la diosa; se inventaron para
juegos de azar en el s.XV y no adquirieron asociaciones esotéricas hasta
finales del s.XVIII. La idea de que los diamantes de la baraja francesa
representan pentáculos es un invento del ocultista británico A.E. Waite.
¿Qué dirán los esotéricos de la baraja española con sus copas -símbolos
sexuales femeninos- y sus espadas -símbolos fálicos, quizá como los
garrotes…-?
El Papa Clemente V no eliminó a los templarios en un plan maquiavélico
ni echó sus cenizas al Tíber: el Tíber está en Roma y Clemente V no,
porque fue el primer papa en Avignon. Toda la iniciativa contra los
templarios fue del rey francés, Felipe el Hermoso. Masones, nazis y
ahora los neognósticos quieren ser herederos de los templarios.
Mona Lisa no representa un ser andrógino, sino a Madonna Lisa, esposa de
Francesco di Bartolomeo del Giocondo. Mona Lisa no es un anagrama de los
dioses egipcios Amón e Isa (Isis).
En La Última Cena de Leonardo, no aparece el cáliz y aparece el joven y
guapo San Juan, el discípulo amado. La novela dice que el joven guapo en
realidad es María Magdalena, que ella es el Grial. La verdad es que no
sale el cáliz porque el cuadro está describiendo la Última Cena tal como
sale en el Evangelio de San Juan, sin institución de la Eucaristía, más
concretamente cuando Jesús avisa "uno de vosotros me traicionará" (Juan
13,21)..
La novela habla de que Leonardo recibió muchos encargos de la Iglesia y
"cientos de lucrativas comisiones vaticanas". En realidad Leonardo pasó
poco tiempo en Roma y apenas le mandaron algún encargo.
En la novela presentan a Leonardo como un homosexual ostentoso. En
realidad, aunque en su juventud fue acusado de sodomía, su orientación
sexual no está del todo clara.
La heroína, Sophie Neveu, usa el cuadro de Leonardo La Madonna de las
Rocas como un escudo y lo aprieta tanto a su cuerpo que se dobla: es
asombroso, porque se trata de una pintura sobre madera, no sobre lienzo,
y de casi dos metros de alto.
Según los protagonistas de la novela, "durante trescientos años la
Iglesia quemó en la estaca la asombrosa cifra de cinco millones de
mujeres". Esta es una cifra repetida en la literatura neopagana, wicca,
new age y feminista radical, aunque en otras webs y textos de brujería
actual se habla de 9 millones. Los neopaganos necesitan una "shoah"
propia. Cuando acudimos a historiadores serios se calcula que entre 1400
y 1800 se ejecutaron en Europa entre 30.000 y 80.000 personas por
brujería. No todas fueron quemadas. No todas eran mujeres. Y la mayoría
no murieron a manos de oficiales de la Iglesia, ni siquiera de
católicos. La mayoría de víctimas fue en Alemania, coincidiendo con las
guerras campesinas y protestantes del s.XVI y XVII. Cuando una región
cambiaba de dominación, abundaban las acusaciones de brujería y la
histeria colectiva. Los tribunales civiles, locales y municipales eran
especialmente entusiastas, sobre todo en las zonas calvinistas y
luteranas. De todas formas, la brujería ha sido perseguida y castigada
con la muerte por egipcios, griegos, romanos, vikingos, etc... El
paganismo siempre mató brujos y brujas. La idea del neopaganismo
feminista de que la brujería era una religión feminista precristiana no
tiene base histórica.
Y se podría seguir diseccionando los errores y los simples engaños de
este best-seller mentiroso. Por no hablar de su calidad literaria. Pero
¿vale la pena tanto esfuerzo por una novela? La respuesta es sí: para
miles de jóvenes y adultos, esta novela será su primer, quizá único
contacto con la historia antigua de la Iglesia, una historia regada por
la sangre de los mártires y la tinta de evangelistas, apologetas,
filósofos y Padres. No sería digno de los cristianos del s.XXI ceder sin
lucha ni respuesta ante el neopaganismo el espacio que los cristianos de
los primeros siglos ganaron con su fidelidad comprometida a Jesucristo.
"SANTA FARSA"
The Times (Londres)
Peter Millar
21 de junio de 2003
Hay algo en las investigaciones arqueológicas, los cuentos de antiguas
reliquias y la iconografía mística que logra convertir las típicas
historias de bombas y balas en verdaderas historias de misterio mágico.
En este sentido, una novela que comienza con el extraño asesinato de un
conservador del Louvre, sucesor de Leonardo da Vinchi e Isaac Newton
como jefe de una sociedad secreta dedicada a la ocultación del Santo
Grial y la verdad sobre Cristo, logra poner los pelos de punta y casi
inspira la fe en el editor.
Pero el título de la novela de Dan Brown –“El Código Da Vinci” debería
ser una advertencia, pues evoca la fórmula infame usada por Robert
Ludlum: artículo determinado y palabra ordinaria, a la que se interpone
un exótico adjetivo calificativo.
Desde “La Herencia Scarlatti”, pasando por “El Círculo Matarese” y hasta
“El Engaño Prometheus”, Ludlum entretejió una trama de complots
extravagantes protagonizados por personajes acartonados que entablan
diálogos ridículos.
Dan Brown, me temo, es su digno sucesor.
Este libro es, sin duda, el más tonto, inexacto, poco informado,
estereotipado, desarreglado y populachero ejemplo de pulp fiction que he
leído.
Ya es malo que Brown abrume al lector con referencias New Age, mezclando
el Grial con María Magdalena, los Caballeros Templarios, el Priorato de
Sion, el Rosicrucianismo, Fibonacci, el culto a Isis y la Edad de
Acuario. Pero es que además lo ha hecho mal.
Al comienzo de la novela, encontramos un ejemplo. Sophie, la heroína,
policía francesa experta en criptografía, cuenta que su abuelo le dijo
que “asombrosamente 62” palabras podían derivarse de la palabra inglesa
“planets”.
“Sophie pasó tres días con un diccionario inglés hasta que encontró
todas”. No soy criptógrafo, pero, incluyendo plurales, conseguí 86 en 30
minutos.
No sorprende, entonces, que Sophie y su compañero americano se queden
desconcertados ante un extraño texto del que sospechan que está escrito
en alguna lengua semítica. Finalmente, resulta ser un texto inglés
escrito como si estuviera reflejado en un espejo (y así parece
exactamente).
Esto serían nimiedades si no fuese porque la trama se basa en la
búsqueda de un tesoro al que conducen estas pistas. Tardan una
eternidad, por ejemplo, en comprender que el nombre de la protagonista -Sophie-
es un derivado de “Sofía”, que significa “sabiduría”.
Además “de los rompecabezas”, el libro está mal compuesto con ideas
falsas, despistes y descripciones tomadas directamente de guías
turísticas para viajeros.
Sorprendentemente, Brown cree que es difícil hacer llamadas
internacionales con un móvil francés, que la Interpol registra cada
noche quien duerme en los hoteles parisinos, que alguien en el Scotland
Yard contesta a las llamadas con un “aquí la policía de Londres”, que el
inglés es una lengua que no tiene ningunas raíces latinas e Inglaterra
un país donde siempre llueve (bueno, quizá en eso tenga razón).
Como no podía ser menos, el estirado personaje británico, llamado sir
Leigh Teabing, es una caricatura de sir John Gielgud cuya contraseña de
seguridad es preguntarles cómo quieren tomar el té. La respuesta
correcta –qué extraño...- es “Earl Grey con leche y limón”.
La solución del misterio es totalmente insatisfactoria y los tipos
presuntamente malvados, el Opus Dei y el Vaticano, salen al final
airosos (quizá por miedo a los pleitos).
Los editores de Brown han obtenido un puñado de elogios brillantes de
escritores de película de suspense americanas, de esos de tercera fila.
Sólo se me ocurre que la razón de su alabanza exagerada se debe a que
sus obras quedan elevadas a la categoría de obra maestra cuando se las
compara con este libro.
Copyright 2003 Times (Londres)
"VINI, VIDI, ¡DA VINCI!"
El País (Babelia)
F. Casavella
16 enero 2004
"El Código Da Vinci" [es] el bodrio más grande que este lector ha tenido
entre manos desde las novelas de quiosco de los años setenta.
El problema de "El Código Da Vinci" no es que tienda al grado cero de
escritura. Ni que sea aburrido, prolijo donde no debiera, torpe en las
descripciones y en la introducción de datos sobre ese interesantísimo y
originalísimo misterio en torno al Santo Grial, Leonardo y el Opus.
Tampoco es un problema que repita esos datos en páginas contiguas para
que hasta un hipotético "lector muy tonto" llegue a asimilarlos. Ni que
escamotee ciertos fundamentos de la trama del modo más grosero hasta que
resulten útiles y entonces se les haga aparecer del modo más burdo. Ni
importa que las frases sean bobas, y bobas sean también las deducciones
de unos de quienes se nos comunica, pero no se nos describe su inmensa
inteligencia. Ni que su autor carezca de la mínima "astucia narrativa",
y no lo comparo ahora con Chesterton, sino con una anciana a la que han
timado en la pescadería e intenta atraer nuestra atención con cierto
suspense en el relato.
Tampoco importa que los diálogos carezcan de toda naturalidad, sino que
cometan la aberrante indecencia de que ni se finjan comunicación entre
personas, que se dialogue con el único objeto de que el lector sepa lo
instruido que es el autor. Tampoco se puede pasar por alto que el autor
no sea, al fin y al cabo, instruido.
Se puede perdonar todo, lo que no se puede perdonar es que esta novela
se promocione y no sólo por los canales publicitarios convencionales,
como un producto de cierto valor. Para entendernos, Dan Brown y su
código tienen que ver con la novela popular lo que Ed Wood con el cine.
Es completamente legítimo, aunque no siempre se idóneo, que una
editorial se preocupe por la comercialidad de sus productos y todos nos
alegramos de su éxito, pero no se puede insultar a una tradición de
grandes artistas y de artesanos competentes con algo tan miserable.
Y no puedo dejar de felicitar a las editoriales de todo el mundo que en
su día rechazaron la publicación de esta infamia y ahora no se
arrepienten. Es la demostración de un resto de dignidad, no sólo en el
mundo editorial, sino en el sistema mercantil. |