



El elemento femenino de la Divinidad
La Iglesia en los primeros siglos se esforzó mucho en suprimir todo rastro de la divinidad femenina.
El cristianismo heredó del judaísmo una visión de la divinidad muy masculina, donde los elementos femeninos estaban casi ausentes. El cristianismo hereda esa visión masculina de Dios. Según la novela, la Iglesia se esfuerza mucho por borrar todo rastro de la divinidad femenina para dejar sólo la masculina.
Por supuesto, en la teología cristiana la Virgen nunca llega a ser divinizada.
El argumento de la novela parece ser algo así como que primero había Dios y Diosa, y luego llega el cristianismo y borra a la Diosa para dejar sólo a Dios.
Con respecto al papel de la mujer en la Iglesia, una cosa sí que posiblemente es cierta (aunque la novela no toca este tema), según muchos investigadores, el papel de la mujer en las primeras comunidades cristianas (a la muerte de Jesús) empezó siendo bastante relevante, pero no tardaron en encontrarse con la fuerte resistencia de unos hombres que culturalmente no podían aceptar un papel tan emancipado para la mujer (no sólo los de origen judío, sino también los de origen pagano). Pronto la presión fue tan grande que las mujeres no tuvieron más remedio que pasar a un muy discreto segundo plano y dejar a los hombres el liderazgo. Al parecer, la liberalidad de Jesús con respecto a la mujer no logró ser asumida por sus propios seguidores. Prueba de ello es la fuerza con la que algunos pasajes de las mismas epístolas insisten en que la mujer adopte un papel sumiso y más bien pasivo. Más que un recordatorio de su papel, parece un intento de controlar la situación. En los mismos evangelios las menciones que se hacen a la relación de Jesús con las mujeres y su papel entre los seguidores pueden pasar casi inadvertidas para el lector moderno, pero hasta la más sutil referencia puede estar llena de un gran significado para el investigador que conoce bien la cultura de la época. Un hecho tan simple como que se mencione de pasada que entre los seguidores de Jesús había muchas mujeres ya supone todo un dato dentro del contexto de la época, o el hecho de que Jesús se digne a hablar a solas con una mujer (en casos como la Samaritana y otros), o que permita que una mujer le toque en público sin reprenderla (la hemorroisa, etc). En pinceladas discretas repartidas por todos los evangelios los investigadores vislumbran un talante muy progresista de Jesús hacia las mujeres, sobre todo en comparación con los parámetros de la sociedad judía. El papel de la mujer dentro de la Iglesia ha sido, y sigue siendo en más de un sentido, un asunto aún sin resolver.