



El secreto que rodea muchos aspectos de esta orden de caballería la ha hecho protagonista de miles de historias, leyendas y especulaciones, sobre todo a partir de mediados del siglo XX. El autor de la novela nos dice que la Iglesia fue su eterna enemiga.
De todas formas, en la historia de los Templarios hay muchos enigmas y misterios sin resolver, y es bastante probable que su visión del cristianismo estuviera basada en un misticismo que en parte se alimentó también del misticismo hebreo (cábala) e islámico (sufismo), dada su arraigada presencia en oriente, y quizás también la alquimia (una corriente básicamente mística que buscaba la purificación del alma).
Por tanto, el que su cristianismo fuese fundamentalmente místico (y por tanto un poco “sui generis” comparado con el oficial) implica en su totalidad que los templarios fueron herejes o paganos, como dice la novela.
La Iglesia destruyó a los caballeros templarios bajo falsas acusaciones porque quería apoderarse de su secreto (el grial).
El autor nos dice claramente que en aquella época el papado estaba al servicio del rey de Francia, que quitaba y ponía papas e incluso logró finalmente trasladar la Santa Sede a Avignon.tambien que el papado colaboró al final en la destrucción de los templarios (a los que durante siglos siempre había protegido).
La lista de probablemente falsas acusaciones vertidas sobre los templarios fue elaborada por la corte francesa y propagada de boca en boca durante meses en un efectivo alarde de eficacia propagandística destinada a desprestigiar a una orden religiosa que gozaba en toda la cristiandad de un enorme aprecio. Toda la operación fue orquestada desde París, siendo el papa mera comparsa sancionadora ya al final del proceso, y sólo interviene cuando las torturas del rey obligan a los templarios a “confesar” todo tipo de herejías y blasfemias; es entonces cuando la Iglesia toma parte a través de la Inquisición. Citaré lo que cuenta un historiador:
El viernes 13 de octubre de 1307 se desarrolló la mayor operación policial de la Edad Media y, posiblemente, de la toda la Historia. Felipe IV de Francia, apodado "el Hermoso", puso en marcha una audaz maniobra que significaría el fin de una de las más grandes órdenes de caballería de todos los tiempos: la Orden del Temple. Esa mañana, al amanecer, prácticamente todos los edificios de Francia habitados por Templarios fueron asaltados por las tropas del rey y sus ocupantes detenidos. La torre del Temple de París y el Maestre templario eran los objetivos principales. Sorprendentemente, los Templarios, hábiles guerreros y feroces luchadores, no opusieron resistencia y se rindieron de inmediato. El Rey había ganado la partida con más facilidad de la esperada.
Los templarios fueron acusados de muchísimos cargos divididos en 127 artículos. Entre ellos destacan los de herejía, idolatría o sodomía. Se acusa a los Caballeros del Temple de renegar de Jesús, de asegurar que es un falso profeta, de escupir sobre la cruz, de adorar a ídolos, de entregarse a la homosexualidad y darse besos obscenos, de omitir intencionadamente las palabras de consagración durante la misa y de todo tipo de crímenes imaginables. La historia posterior ha debatido largamente sobre la falsedad o veracidad de estas acusaciones, dando lugar a dos posturas claramente enfrentadas. Una se decanta por la total inocencia de los acusados, dando por sentado que toda la operación responde únicamente a la ambición y codicia de Felipe IV, empeñado en destruir a la Orden del Temple y apoderarse de sus innumerables bienes. La otra postura navega entre diversas opiniones, desde que lo ven indicios inciertos de culpabilidad, a los que no dudan en tachar a los templarios de cátaros, gnósticos o incluso satánicos, desencadenando las más variadas fantasías.
En todo el relato del libro se presenta a la Iglesia como la gran enemiga de los templarios. Miles de templarios murieron a manos sarracenas por negarse a renegar de Cristo. El rey francés junto con el PAPA luchó con fuerza para abolir a la orden templaria, y lo consiguió gracias a que el PAPA , y la iglesia que también le ayudo.
Cito a un historiador:
“Cuando después de once meses de cónclave por fin es elegido papa el arzobispo de Burdeos, éste se negó a ir a Roma y fue coronado en Lyón. Tomó el nombre de Clemente V (1305-1314) y durante cuatro años residió en diversas ciudades francesas (Lyón, Burdeos, París, Toulouse), hasta que decidió fijar su residencia en Aviñón. [...] Felipe, apoyado por sus ministros y por un cuerpo de legistas, trataba a toda costa de recortar el poder del papa en sus territorios. Empezaba a nacer la conciencia nacional que, hábilmente manejada, podría llevar emparejada la idea de una Iglesia nacional.” (Juan de Isasa)
Con Clemente V comienza, pues, un período donde el gobierno de la Iglesia estará bajo una fuerte influencia de la monarquía francesa. La Santa Sede permanecerá en Francia desde 1305 hasta 1375. El control francés llegará a su culmen con Clemente VI, en cuyo mandato, de 25 cardenales que se nombraron, 20 eran franceses. El mismo historiador anterior dice:
“La estancia de los papas en Aviñón se equiparó en la cristiandad con el destierro del pueblo de Israel en Babilonia. Duró setenta años y afectó negativamente al papado, largamente sometido a las interferencias de los reyes franceses. El Colegio de los cardenales quedó marcado por la abrumadora mayoría de cardenales franceses. Durante un tiempo la Iglesia pareció dejar de ser universal para convertirse en una institución puramente francesa. Por su parte, el papa recurrió en exceso a sanciones canónicas que más bien exacerbaron los ánimos.”
A partir de aquí podéis pensar si la Iglesia, fue la principal culpable de la muerte de los templarios o Francia, yo digo claramente que fue la máxima culpable la Iglesia con el PAPA acompañado del rey francés.